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Allí donde invadas, haz que se prohiba

El Gobierno francés prohibirá el burka. Sí, ya saben, ese harapo tendenciosamente integrísta como la falda por debajo de las rodillas o el crucifijo en las escuelas públicas. Y la verdad es que a mí personalmente me parece mal que el gobierno francés lo haga. No es porque me parezca mal que haya que preservar ante todo la dignidad de la mujer, ni incluso me parece mal que se prohiba porque considere que al ser un elemento religioso estigmatizante debe ser erradicado de una sociedad laica; me parece mal porque allá donde fueres, haz lo que vieres. (o traducido a la situación francesa actual: allí donde invadas, haz que se prohiba).

Todo esto viene a colación de que hace tan solo unos segundos estaba tomando el desayuno (lo sé, soy un burgués) mientras veía Espejo Público de Antena 3 (lo sé, soy un burgués y con mal gusto televisivo). Allí se trataba el asunto con la rigurosa seriedad con la que sus contertulios abordan los temas. Contertulios de la talla de Miguel Temprano (alías: que entre el ejercito en el Alakrana aunque eso provoque la ejecución de los "rescatados") o Lolita.

En el programa este pude notar dos cosas. Una, que Miguel Temprano es bastante muy integrista español. Y la otra, que nadie hizo referencia a la cuestión de que Sarkozy (el mismo que prohibe el burka) apoye a Karzai (el mismo que, por ejemplo cede ante los que quieren imponer el burka).

¿Qué dirá (o diría) Pascual Serrano de esto? Me temo que nada bueno. Mientras tanto Andrés Pérez lo tiene claro "nueve de cada diez emisiones políticas se centran en ese tema, y no en el paro, los déficits o el recorte de derechos sociales".

Haití

Este tema está manido, lo sé. Sé también que quizá llego un poco tarde para hablar de él, pero sucede que mi hermana me regaló para Reyes un librito bastante bueno. El autor es Pascual Serrano y el nombre de este libro es "Desinformación: Cómo los medios ocultan el mundo". Resulta que acabo de leer un parrafito de este libro que me parece que viene ni que pintada para el caso de Haití, paso a reproducir el texto en referencia a una disertación de Kapuscinski sobre la pobreza y la miseria.

La hambruna aparece en los medios en determinados momentos y en regiones concretas, presentándola así, como una cuestión local, pero es más global que la ausencia de hambre, puesto que dos tercios de la humanidad viven en la miseria. Esa miseria se presenta como un dato estadístico que se asume como un parámetro más a medir en una situación inevitable. Además, los medios siempre tienden a asociarla al clima, a cataclismos como la sequía o las inundaciones, y a veces también a las guerras y no a un reparto desigual de las riquezas del mundo.



Por cierto, la zona rica de Haití (Petion-Ville) apenas ha tenido desperfectos.

El rayo que nunca cesa

Eso será el Sol dentro de unos pocos años: Un rayo que nunca cesa. Aunque que nadie se preocupe, porque gracias a la Cumbre de Copenhague, se destinaran 100.000 millones de dolares para paliar sus efectos...

Es decir, que en lugar de evitar la destrucción de la capa de ozono, invertiremos mas en medicinas contra el cáncer de piel, o en construir ciudades alejadas del mar o en edificar desaladoras y potabilizadoras para el diluvio silencioso que nos viene encima.

Podríamos asumir también que esto no es mas que otro apuntalamiento a la Teoría del Parche, no es ni siquiera un "virgencita que me quede como estoy" sino que es un, "si empeoro, no importa, ya tomare más Actimeles".

Sin embargo me gustaría para cerrar esta incompleta y escuálida entrada introducir unas palabras. Las de Hugo Chávez en Copenhague.

"Si el mundo fuese un banco, ya lo habríamos salvado"

La evolución y el Código Penal

A mi modo de ver, la evolución democrática o la modernidad social se puede observar a través de cierto librito llamado Código Penal. Según mi criterio, cuanto mayor sea el volumen y las prohibiciones -así como incluso las penas- que vengan recogidas en el Código, mayor será el nivel de involución de una sociedad y, en consecuencia, mayor será su atraso social.

Y yo, que me considero -porque así lo dicen esos medios de comunicación que nos informan sobre lo malvado que es Hugo Chávez y lo bien que vivimos tras la caída del muro de Berlín- un ciudadano feliz y moderno, no dejo de asombrarme al comprobar cómo el Código Penal de esta vasta región de conejos -como los romanos vinieron a llamar-, que más tarde se tuvo en gracia a llamar España, aumenta cada vez más. Es decir, se retrocede socialmente cada vez más.


Hoy, ha sido uno de esos días en los que España ha dado un paso atrás. Y no lo digo porque esté en contra de que se persiga la corrupción, o se condene la piratería. Lo digo porque tener que penar y regular ciertas actividades solo arrojan una realidad: esas actividades existen.


Ante la obviedad y la simpleza de lo que acabo de decir poco se me puede reprochar. Algunos dirán que para decir eso tampoco era necesario escribir una entrada que seguramente pocos o muy pocos leerán. Por eso intentaré extenderme un poco más.


El reflejo de que necesitamos cambiar, de que este método no sirve es precisamente el hecho de que nuestro Código Penal no deja de crecer. La corrupción, como tantos otros delitos, son fruto exclusivo de un proceso educativo y social erróneo. Son fruto de una desviación. Y entonces se produce lo que científicos como yo hemos denominado "El hostiazo al hijo de diecisiete años". Es decir, que darle un capón a tu chico cuando tiene cuatro años tiene cierto sentido pedagógico -aunque esto también es discutible-, pero darle un capón a tu hijo de diecisiete años porque lo has pillado metiéndose crack intravenoso, es una muestra inequívoca de que como padre eres tan malo como Chacón como pacifista. Por eso considero que, como ya dije una vez, empecemos por dejar de poner parches y ataquemos a la realidad de frente, empezando, por ejemplo, por desmitificar a los guapos, jovenes y famosos que no han dado un palo al agua en su vida y que sin embargo lo tienen todo. Nuestro Código Penal, y en especial los alumnos de derecho, nos (os) lo agradecerán (-emos) de por vida.

La Teoria del Parche

Con este nombre tan rimbombante llamo yo a lo que siempre se me pasa por la cabeza al leer un titular de prensa, de radio o de los informativos. La Teoría del Parche. Es una cosa seguramente ya muy desarrollada por muchos teóricos, o quizá no. Para ilustrarles un poco sobre la profundidad de la Teoría del Parche hay que situarse primero en la analogía pertinente, en el caso de esta teoría, en un edificio. Nuestro amado edificio es, por ejemplo, la falta de liquidez en el sistema financiero. También podría ser, hablando de un tema anteriormente tratado por mi en este blog, el problema de la crisis alimentaria. Bien, una vez tenemos la base podemos comenzar a desarrollar la teoría.

Viene a decir esta teoría que, a la larga, siempre es mejor una mudanza que un apaño. Es decir, podemos inyectar liquidez al sistema y fundirnos unos 50000 millones de euros (en pesetas el numero asusta), o simplemente sustituir el sistema financiero por otro que no provoque contradicciones. El problema es el coste de esto. Siguiendo con la analogía, reparar unas humedades en casa puede provocar que el fontanero nos fastidie aproximadamente una semana, sin embargo, si decidiésemos comprarnos otra casa tendríamos que invertir meses en buscar una casa que cumpla todos los requisitos que deseamos (lógicamente, superiores a nuestra actual vivienda), empaquetar las cosas, buscar un comprador para nuestra actual vivienda, la mudanza y la consiguiente adaptación al nuevo entorno. Eso es, a todas luces, mucho mas costoso que un poco de cemento y regular la llave del agua.

El problema surge, y de ahí la preferencia en el largo plazo a una mudanza (a un cambio de sistema) en que las chapuzas, generalmente, tienden a agravarse con el paso del tiempo, y lo que era una humedad a acabado por comerse las tuberías y hace que chisporroteen los cables de la luz provocando cierta inseguridad a los habitantes de nuestro edificio. Nos encontramos, entonces, con un problema aun mas grave que implica que la demora de la reparación sea mayor. Porque ya no solo se nos ha jodido lo que un fontanero podía arreglar en una semana, sino que, además, es necesaria ahora la colaboración de un electricista (que podría, perfectamente, ser el problema del paro, e incluso del medioambiente si se sigue produciendo de esta forma tan salvaje). Lógicamente, una vez subsanado el problema, nos damos cuenta que las humedades han afectado al edificio, a sus cimientos, y que o bien echamos la casa abajo y empezamos de nuevo o bien nos tendremos que mudar.

Eso sucede, y así nos lo demuestra la historia, con este sistema capitalista. Donde se incentiva la competitividad entre iguales y lleva a consecuencias ciertamente desastrosas si no se las analiza y corrige de una forma eficaz. El problema de la mala educación, por ejemplo, no es mas que una ampliación sociológica del capitalismo (una rotura mas de nuestro edificio que hay que reparar). Es decir, la falta de atención paterna por las necesidades que impone el capital (pagar una hipoteca, una vivienda, la mantención de esta...). Estas cosas que antes eran mas o menos llevables por unos cuantos, quizá el 60 o 65 por ciento de la población, se ha hecho extensiva y exigible a toda la sociedad. Aquel que no puede estrenar coche cada cinco años tiende a perder una autoestima que el sistema le ha hecho creer que en algún momento podría tener. Todos queremos una casa mejor, un coche mejor y una televisión mejor, pero esta trampa del sistema hace que nos olvidemos de la contrapartida, descuidado paternofilial, colaboración indirecta en el aumento constante de producción inútil que infla los precios provocando el sobreendeudamiento familiar (eso en el primer mundo, si miramos hacia abajo mejor ni hablar de las consecuencias que el consumo agresivo de los privilegiados provoca en el tercer mundo)... Todo ello son ramas de las trampas del sistema. El sobreconsumo lleva, irremediablemente, a una crisis como la que tenemos. Volviendo a nuestro edificio, si sobrecargamos las tomas de luz muy probablemente la casa salte por los aires.

Es fundamental plantearse, y desde aquí invito a todo aquel que lea esto a que se lo plantee, si realmente nuestra pretensión debe ser la de vivir con la certeza de que nuestra casa caerá e ir prolongando su muerte con estúpidas y costosas reformas, o nuestro animo debe ser el de buscar una casa donde todos poder vivir sin la preocupación de que el edificio se vaya a derrumbar. Yo lo tengo claro, nada tengo y nada perderé huyendo de este podrido edificio.

Desde Siberia con honor.